La tecnología más inútil


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En teoría, la tecnología debería servir para hacernos la vida más fácil, más placentera. Sin embargo, en muchas ocasiones salen al mercado dispositivos que no siguen esta filosofía. Es la tecnología inútil. No es nada nuevo. Desde los crecepelos milagrosos que se vendían en ferias ambulantes hasta los más complejos sistemas informáticos que en el fondo no acaban de funcionar del todo bien, la ciencia y la tecnología ha tenido su cuota de cuentistas, timadores, o simplemente mentes incomprendidas que veían una utilidad revolucionaria a algo que al final no tenía mercado.

Hoy en día seguimos teniendo artilugios de todo tipo que intentan solucionarnos la vida, sin importarles a sus creadores que, en el fondo, no tengamos esos problemas, o que la solución que nos ofrecen no sea la más adecuada. Mientras se venda, ellos habrán conseguido su propósito. Vamos a realizar un rápido recorrido por algunos ejemplos de la inutilidad tecnológica.

  • Cosmética de altura : Como ya hemos dicho, la cosa viene de lejos, así que tenemos un gran archivo de inventos inútiles desde los albores de la revolución industrial. Uno de estos ejemplos es esta máscara de belleza, que no es ni más ni menos que una mini-cámara hipobárica, destinada a reducir la presión atmosférica de nuestra cabeza para así “beneficiarnos de los efectos del aire de las altas montañas en los capilares de nuestra piel”. Claro que dado que el resto del cuerpo está a presión ambiente, la utilidad de este aparato queda totalmente en entredicho (al margen de que el tratamiento hipobárico tenga unos efectos positivos en el cutis, lo cual también sería objeto de debate).
  • Tapaenchufes decorativos : ¿Y qué decir de los “tapaenchufes decorativos”? La idea es sencilla: si tienes un enchufe sin nada conectado, queda feo. ¿Por qué no decorarlo con una pieza de cable rígido en la que colocar objetos tan variados como un extintor o un jarrón?. Pues porque para eso ya hay mesas, o simplemente clavos en la pared, y porque a la que tengas que utilizar el enchufe, a ver dónde pones el jarrón o el extintor. Todo eso en cuanto a consideraciones estéticas, porque el hecho de tener un trozo de cable conectado a la corriente no es que sea demasiado ecológico, ya que, aunque mínimas, produce pérdidas.
  • Buscando un uso : El problema de algunos inventos es que no se deciden. O sirven para una cosa, o para otra. Incluso hay casos en los que los dos usos del aparato son para lo mismo, con la salvedad que un uso hace que el otro sea inútil. Ese es el caso del aguantavelas-linterna de Kikkerland. Uno puede pensar que si se le va la luz puede ser útil tener una linterna. Y a falta de linterna, una vela no viene nada mal. Pero tener un objeto que sirve para aguantar velas pero que también es una linterna es, cuanto menos, paradójico. Pero existe, y está a la venta, así que si tienes miedo de que un día te quedas sin luz, y cuando vas a ir a encender la vela te das cuenta de que no sabes donde tienes las cerillas y necesitas una linterna para ir a buscarlas, seguramente este objeto te va a ir de perlas.
  • Gadgets concienciadores : Otro tipo de dispositivos que pueden englobarse en la categoría de inútiles son los concienciadores. Básicamente, se trata de artilugios que te hacen ver cuán errado vas en la vida en aspectos como la sostenibilidad y… la sostenibilidad, como el DIYKyoto Wattson. Conéctalo a tu contador y te dirá de manera colorista si estás gastando demasiada electricidad. Sé sostenible y el Wattson emitirá una relajante luz azulada. Sé un derrochador y la luz se tornará rojo fuego para que sepas que arderás en el infierno por ser tan poco ecológico. Claro que Wattson no sabe si viven 2 u 8 personas en la casa, por lo que su cálculo de sostenibilidad es cuestionable. Y además funciona con 4 pilas, ¡con lo que contaminan!
  • La silla Hawaii : Por último, tenemos una mención especial a un objeto que, sin ser electrónico, merece ser mencionado como referencia a la meca de los dispositivos inútiles: la teletienda. Se trata de la silla Hawaii, el último invento para adelgazar que se basa en un concepto totalmente novedoso. Se trata de una silla cuyo cojín describe un movimiento circular que, en teoría, sirve para que se movilicen nuestras grasas y perdamos peso sin movernos de nuestro sitio de trabajo. Claro que trabajar, lo que se dice trabajar, es poco probable que lo consigamos mientras somos sacudidos a un lado y a otro por la silla. Sin embargo, es un buen sustituto del toro mecánico, y ocupa bastante menos.

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